Archive for the ‘Historia del Peronismo’ Tag

A 46 años del primer desaparecido

A 46 años del primer detenido-desaparecido.

Se trata del arresto hace exactamente dos años de Juan Fiorillo, autor material del secuestro de Felipe Vallese, un joven metalúrgico secuestrado junto a un hermano en 1962. El ex jefe policial fue capturado en Villa Adelina por personal de la DDI de La Plata, pero quedó bajo arresto domiciliario por tener 74 años. El “tano Fiorillo”, vivia tranquilo en el mismo barrio donde fue torturado y asesinado un jóven de 22 años por entonces, que representaba los anhelos de una lucha que tardaría aún 10 años más, para lograr la llegada de su líder.

Juan Fiorillo, fue también miembro de grupos de tareas durante la dictadura militar, y dirigió grupos comandos de los cuales fue pionero, y hombre del Gral.Camps durante la dictadura y luego del mismo Etchecolaz, el hombre de la “maldita bonaerense”, quien no tuvo escrupulos para colaborar con el gatillo fácil aún en epocas de democracia.

En su haber cuentan también el secuestro de niños que aún no han sido encontrados por sus abuelas.

Felipe Vallese, militante de la JP, es el primer detenido-desaparecido de la historia contemporánea argentina. Fue secuestrado el 23 de agosto de 1962 y visto brutalmente torturado en una comisaria de Villa Adelina.

Un poco de Historia

La ofensiva política de 1958: Felipe Vallese, mártir de la JP El gobierno de Frondizi se caracterizó por la inestabilidad institucional sometida a sucesivas crisis y planteos militares, por las constantes huelgas gremiales y de la CGT con que la clase trabajadora respondía al paulatino cercenamiento de sus derechos y por la respuesta gubernamental de creciente represión al movimiento peronista. La movilización militar de los trabajadores en paro y la aplicación del plan Conintes fueron los ejes de la respuesta instrumentada.

Llegado el año 1962 que sería el último de su mandato, su ministro del Interior Alfredo Vítolo, firmó un documento con los jefes militares garantizando que no se permitiría a Perón volver al país. Es que frente al inminente proceso electoral previsto para el 18 de marzo de ese año, había trascendido que la fórmula que el peronismo presentaría en la provincia de Buenos Aires iba a estar integrada por Andrés Framini como gobernador y Juan Perón como vice. A fin de aquel mes de enero, Vítolo anunciaba que el gobierno rechazaría la candidatura de Juan Perón. Paralelamente el juez electoral Leopoldo Isaurralde de abierta filiación frondicista declaraba que Juan Perón no podía ser candidato por no tener residencia, no estar en el padrón y ser un fugitivo de la justicia. Para que nada quedara librado al azar, el cardenal Antonio Caggiano, recordaba que la excomunión estaba en vigencia.

El 10 de marzo Frondizi pronosticó en conferencia de prensa que los ciudadanos iban a dar las espaldas a Perón en las elecciones y acusó al peronismo de impedir la pacificación.

Contra la alquimia y la aritmética gubernamental, el pueblo de la provincia de Buenos Aires, eligió aquel 18 de marzo como gobernador a Andrés Framini, quien finalmente había ido acompañado por Marcos Anglada como vice-gobernador, quienes concurrieron bajo las siglas de la Unión Popular. El pueblo no había dado la espalda a Perón y por el contrario hería de muerte al gobierno de Frondizi.

Fue este el hecho político más importante producido por el peronismo desde 1955. El triunfo de Framini fue la más palmaria demostración que el peronismo seguía siendo mayoría, que su voluntad era inquebrantable y que no estaba dispuesto a presentarse “manicurado” para ser aceptado. Por el contrario, Perón había elegido a un dirigente obrero, un histórico peronista, para encabezar aquella fórmula.

Las fuerzas armadas reclamaban la proscripción del peronismo, un nuevo gabinete y la expulsión del país de Rogelio Frigerio. Aramburu por su parte, “aconsejaba” la renuncia de Frondizi y el comandante del Ejército general Raúl Poggi le pedía efectivamente la renuncia.

El día 27 el presidente declara “no me suicidaré, no renunciaré y no dejaré el país”. Dos días después frente al movimiento de tropas, renuncia, y es arrestado en Olivos y trasladado a Martín García. El día 30 de marzo asume José María Guido como presidente de la Nación, hasta entonces, presidente del Senado. El gobierno títere de Guido, no es más que una fachada tras la cual gobiernan los militares.

El 24 de abril, el nuevo presidente anula las elecciones ganadas por el peronismo: Andrés Framini había anunciado que el 1º de mayo asumiría la gobernación y pese a la anulación concurre acompañado por altos dirigentes a la casa de gobierno provincial, labrando un acta. Las provincias donde el peronismo o los partidos neoperonistas había triunfado eran las siguientes: Buenos Aires, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Chaco, Misiones, Río Negro y Neuquén.

El 24 de julio por un decreto del Poder Ejecutivo queda prohibido el proselitismo peronista, la exhibición publicitaria de fotografías y marchas. Nuevamente, bajo otro rótulo, reaparece el decreto 4161.

El mes de agosto se inicia con una huelga general de 48 horas decretada por la CGT. Este mes, más precisamente el 23 de agosto, se produce un hecho que conmueve al movimiento peronista: es secuestrado el obrero metalúrgico y dirigente de la juventud peronista Felipe Vallese. El reclamo por su vida se convierte en bandera de lucha: “un grito que estremece, Vallese no aparece”

Felipe Vallese tenía 22 años y era delegado desde 1958 en la fábrica TEA S.R.L., paralelamente con su actividad gremial tenía una intensa actividad militante en la Juventud Peronista. Era integrante del grupo de Corrientes y Esmeralda y había secundado a Gustavo Rearte en el copamiento del puesto de la aeronáutica en Ezeiza. Sin embargo, no es secuestrado por la policía de la provincia de Buenos Aires por su propia actividad, sino buscando a su amigo Alberto Rearte. Se trató de un procedimiento ilegal en jurisdicción de la Capital Federal y Vallese fue secuestrado frente al número 1776 de la calle Canalejas. La justicia a instancias de su familia y de la UOM reconstruyó el camino hacia la muerte de Felipe Vallese hasta la comisaría de Villa Lynch donde desaparece después de ser terriblemente torturado. Su cuerpo jamás apareció pero su nombre desde entonces simboliza lo mejor de aquella juventud que no reparó en peligros por la defensa de sus ideales. Hoy, la calle Canalejas lleva su nombre y así también se denomina el salón de actos de la CGT en su sede de la calle Azopardo 802 de la Capital Federal.

Paradojalmente el asesinato de Vallese no hizo retroceder a la J.P., sino que por el contrario, su ejemplo actuó como un enfervorizador de las conciencias. En el mes de agosto del año 1963 una acción propagandística de uno de aquellos comandos juveniles sorprende al país: el robo del sable del General San Martín del Museo Histórico Nacional donde estaba en custodia. El hecho tuvo una repercusión espectacular y el grupo que se lo había llevado del cual era responsable Osvaldo Agosto, exigía para su devolución el retorno del general Perón, la libertad de los presos políticos y la devolución del cadáver de Evita. La operación fracaso por la confesión de una persona que conocía el hecho y que cayera presa en otras circunstancias. Pero el efecto había sido logrado.

La represión, por su parte no se quedaba atrás y ampliaba sus círculos: 84 personas de filiación nacionalista fueron detenidas en Buenos Aires por realizar un homenaje a Juan Manuel de Rosas. En Posadas se detiene a otros veinte acusados de formar parte de una conspiración “peronista/comunista”. También es clausurado el Teatro La Máscara y poco después, la agencia Télam.

Aquella acción represiva no era mayor, porque los militares estaban empeñados en enfrentarse violentamente entre sí: en septiembre de 1962, se habían producido los primeros choques entre “azules” y “colorados”, los que se repitieron en el año siguiente.

El peronismo seguía siendo “el hecho maldito” de la política argentina. A esta altura, parecía -y así fue- que no alcanzaban las leyes para prohibirlo, declararlo fuera de la ley e intentar borrarlo del mapa. En noviembre de 1962 se dicta el Estatuto de los Partidos Políticos que excluye al peronismo. Como si fuera poco, en febrero de 1963 se firma un decreto ley que proscribe el peronismo en las elecciones del 23 de junio cuya convocatoria ha sido anunciada por el comandante en jefe del ejército general Juan Carlos Onganía. El odio gorila no cesaba, la comisión liquidadora de los bienes de Juan Domingo Perón (Dto. 8124/57) distribuye lo recaudado entre varias entidades. El 10 de abril, se dicta una nueva reglamentación del decreto ley 7165 que prohibe la exaltación del peronismo: la marina ha hecho un planteo por la participación neoperonista en las elecciones. El 17 de mayo de ese mismo año, por decreto se prohibe al Partido Unión Popular, pese a tener personaría legal, el presentar candidatos a presidente y vicepresidente. Como si todo fuera poco, el 18 de junio, por otro decreto, se prohiben todas las candidaturas del partido Unión Popular.

Paralelamente y tratado de divorciar al movimiento obrero de su expresión política, el movimiento peronista, el gobierno títere de Guido permitió que en enero/febrero de aquel año se celebrara el anhelado Congreso Normalizador de la CGT, en el que estuvieron representadas 100 organizaciones sindicales de primer y segundo grado, eligiendo como secretario general a José Alonso del gremio del vestido, uno de aquellos dirigentes de relevante actuación antes de 1955, habiendo sido diputado y director del diario “la Prensa” cuando quedó en manos de la central obrera.

El Congreso Normalizador, liderado y homogeneizado por las 62 Organizaciones, criticó en su declaración final el decreto de Seguridad del Estado promulgado por el nuevo gobierno y exigió la libertad de los detenidos y condenados por cuestiones políticas, el esclarecimiento de los secuestros y la investigación de las torturas. También reclamó la aparición con vida de Felipe Vallese. Se iniciaba una etapa de gran vitalidad política de la CGT y de enfrentamiento con el gobierno. Las 62 Organizaciones, lideradas por la UOM, cuyo secretario era Augusto Vandor, comprendieron que se estaban creando las condiciones en el país para una nueva contraofensiva del peronismo.

Para las anunciadas elecciones nacionales, hasta ese momento se perfilaban como posibles candidatos Vicente Solano Lima-Carlos Sylvestre Begnis, por el Frente Nacional y Popular y Raúl Matera-Horacio Sueldo por el partido Demócrata Cristiano. Matera es proscripto, y finalmente tampoco se presenta Solano Lima-Begnis, y Juan Perón da órdenes de votar en blanco.

El 24 de julio el Colegio Electoral elige presidente de la República a Arturo Illia y como vice presidente a Carlos Perette de la Unión Cívica Radical del Pueblo quienes en las elecciones sólo alcanzaron el 24,9% de los votos. Su escasa base popular y la proscripción del peronismo harían que su gobierno tuviera pies de barro: en dos años y ocho meses los militares volverían al poder.

No es de extrañar que ese álgido 1963, se cerrara con una violenta represión a la masiva concentración celebrada en plaza Once, el día 17 de octubre, en que el Cuadriunvirato que dirigía como comando táctico, el peronismo, diera a conocer por boca de Andrés Framini, una declaración, en la que se exigía “Derogación de toda legislación represiva y de los decretos que establecen proscripciones o cualquier forma de discriminación. Inmediata convocatoria a elecciones generales en todo el país para que el pueblo pueda elegir libremente y sin condiciones, todos los cargos electivos, desde Presidente para abajo. Regreso inmediato e incondicional a la Patria del Jefe del Movimiento Peronista, compañero Juan Domingo Perón. Restitución de los restos de la compañera Eva Perón. Estas exigencias políticas iban acompañadas con un programa de propuestas económicas y sociales y se declaraba el “estado de movilización popular, como método revolucionario para la conquista de los objetivos enunciados”.

Anuncios

Malvinas: recuerdos de los primeros ex-combatientes

Operativo Cóndor en las Malvinas

Este año se cumplen 42 años del Operativo Cóndor: el secuestro de un avión de línea por parte de jóvenes militantes peronistas. Durante 36 horas hicieron flamear la bandera argentina en las islas.

En dias de recuerdos de una guerra iniciada por un General borracho, es bueno recordar otras historias, que se suman a la de los miles de “chicos” que murieron en una guerra, cuyo único objetivo era mantener la continuidad de la más cruel de las dictaduras del siglo XX en nuestro pais.

No intenta esta historia reemplazar el valor de aquellos que sin saber, en la mayoria de los casos, manejar un arma, pelearon cumpliendo las ordenes de muchos Generales cobardes. Una historia que todavía nos duele, porque hace dos años, el numero de muertos por suicidio entre los ex combatientes supero al numero de muertos en combate. Este relato solo pretende complementar la lucha por uno de los ultimos bastiones, que el otrora imperio Británico, mantiene colonizado. Recuperar la memoria de Dardo Cabo, y de otros compañeros caidos. Un pedazo de recuerdos que debe sumarse a la memoria colectiva en fechas como estas. Porque tambien, aunque de otra generacion, son ex combatientes.

Hace casi 42 años, un grupo de jovenes peronistas realizo el Operativo Cóndor. El 28 de septiembre de 1966, dieciocho jóvenes estudiantes y obreros asestaron un golpe a la flamante dictadura de Juan Carlos Onganía: secuestraron un avión de línea, lo aterrizaron en las Islas Malvinas y allí izaron siete banderas argentinas que flamearon durante 36 horas. Reclamaron la soberanía sobre ese territorio y aguardaron que un sector del Ejército aprovechara esa irrupción y desembarcara en las islas para recuperarlas. Dos de los once militantes que sobrevivieron a ese hecho –y a lo que vino después– relataron aquel hecho con el objetivo de “ponerlo en la memoria popular, el lugar donde siempre debió estar”.

Pedro “Tito” Bernardini, uno de los diecisiete militantes que volaron bajo el mando del dirigente Dardo Cabo expresaba hace dos años. “No se trató de un hecho delictivo, porque no delinque quien exige lo que es suyo”, aclara Norberto Karasiewicz, otro de los sobrevivientes.

El Operativo Cóndor, primer secuestro aéreo del país, se gestó tres años antes de su concreción. “Hubo que trabajar bastante para obtener medios y hacer operativos económicos. ¿Se entiende a qué me refiero?”, confía Bernardini con un gesto de complicidad.

Veinte fueron los elegidos para el operativo, entre militantes nacionalistas y de la JP, algunos de los cuales se sumaron mas tarde a la combativa JP de los ‘70, en tanto que otros, como Alejandro Giovenco, militaron en la ultraderecha . La logística se basó en tareas de inteligencia que CristinaVerrier, tercero al mando del operativo, había hecho durante unos viajes a Malvinas como turista. La instrucción militar había sido adquirida junto a quienes luchaban por el retorno de Juan Domingo Perón.

Antes de partir, el grupo estuvo “encerrado” tres días en un camping de la UTA, en Ituzaingó: “Dos días fueron de retiro espiritual, porque sabíamos que era una misión de la que por ahí no volvíamos; de hecho, dos compañeros desertaron”, admite el “Flaco” Karasiewicz.

Imagen del grupo que realizó el operativo, ya en Malvinas.

Todo bajo control

La elección del día se basó en dos hechos. Estaba en el país el esposo de la reina de Inglaterra, Felipe de Edimburgo, en carácter de presidente de la Federación Ecuestre Internacional. Y el contralmirante José María Guzmán debía volar al territorio del que era gobernador, Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur.

“Teníamos todo listo, los fierros cortos encima y la ferretería (las armas largas) en las bodegas”, resume Bernardini. Cada uno de los dieciocho comandos tenía una misión. Ningún imprevisto podría sorprenderlos. Pero al Flaco se le escapó uno: el día del viaje, su esposa dio a luz su primera hija. “Me enteré y tuve la necesidad de verlas. Cuando me despedí les dije: ‘Mañana vengo a la hora de la visita’. Y salí”, rememora. Al otro día, no apareció. Sí lo hicieron periodistas ávidos de conocer a Malvina, la hija del hombre que por esas horas tomaba las islas.

“Muchachos, aunque nos cueste la vida. Lo de menos es que nos lleven presos a Inglaterra. Lo más glorioso, que caigamos en el intento”, dijo Dardo Cabo antes de salir.

Partieron a la 0.30 del día 28 en un Douglas DC4 del vuelo 648 Buenos Aires-Río Gallegos de Aerolíneas Argentinas. Iban 48 pasajeros. Durante el vuelo, Dardo Cabo y Alejandro Giovenco, el segundo al mando, entraron armados a la cabina y ordenaron el cambio de rumbo al comandante Ernesto Fernández García. El piloto excusó falta de autonomía de vuelo. “Pero nosotros sabíamos que había combustible suficiente. Se le ordenó que tomara el rumbo 105 en Puerto San Julián y girara a la izquierda para abrirse del continente. Y lo hizo”, cuenta Karasiewicz, a quien también llamaban “Curumanqué”.

Carlos Rodríguez y Pedro “La Yegua” Cursi se acercaron al gobernador Guzmán y le anunciaron: “Contralmirante, el avión ha sido tomado. Vamos a Puerto San Julián rumbo a Malvinas”. El militar no lo creyó, tensó una discusión y su edecán se levantó e “intentó sacar una (pistola) 357, de la que después nos apoderamos –sonríe el Flaco–. Uno de los compañeros le dio un golpe. Guzmán quedó quietito”.

A las 8.42, aterrizaron en Puerto Argentino, detrás de la casa del gobernador inglés sir Cosmo Dugal Patrick Thomas Haskard (ausente ese día), sobre una pista para carreras hípicas. Abrieron las puertas, se tiraron con sogas, desplegaron delante del avión en forma de abanico e izaron siete banderas argentinas.

El suceso convocó a kelpers y jefes de la milicia de la isla, inmediatamente tomados como rehenes “hasta tanto el gobernador inglés reconozca que estamos en territorio argentino”, advirtió Dardo Cabo desde la radio del avión. Bajo esa presión, se aprestaron a cantar el Himno Nacional. “Quisimos entregarle la autoridad a Guzmán, pero nos dio la espalda y se negó a cantar”, reniega Karasiewicz.

De pie y frente a la mirada de todos, Cabo proclamó: “Ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional y quedar como celosos custodios de la azul y blanca (…) O concretamos nuestro futuro o moriremos con el pasado”. Luego rebautizó al lugar como Puerto Rivero, en homenaje al gaucho Antonio Rivero que en 1833 se alzó contra los ingleses y gobernó las islas por unos meses.

Para Tito Bernardini, “izar la bandera y cantar la Marcha de San Lorenzo, Aurora y el Himno fueron cosas muy emotivas”.

Una hora después del aterrizaje, Cabo avisó al continente: “Operación Cóndor, cumplida”. Los medios de comunicación británicos y argentinos se hicieron eco del hecho, hasta el avión de un periódico intentó llegar a las islas, pero la Fuerza Aérea lo obligó a volver al continente. Cientos de militantes se movilizaron en varias ciudades y el flamante dictador, sobresaltado, se preocupó en calmar las intranquilas aguas diplomáticas, por entonces a cargo de su canciller, Nicanor Costa Méndez, el mismo de la aventura de Malvinas de 1982.

El objetivo trunco

El reclamo de soberanía se había cumplido. De antemano, los integrantes del grupo sabían que en algún momento debían deponer las armas y luego morir o ser juzgados. Pero la esperanza era otra, un segundo objetivo aún más lírico: que militares nacionalistas desembarcaran en la isla y la tomaran.

“Ese objetivo logístico no se cumplió porque el capitán de la nave Bahía Buen Suceso, que debía entrar a buscarnos en Puerto Rivero, tuvo miedo y llegó hasta la milla de distancia que permiten las normas internacionales; fue una falla de Onganía”, interpreta Pedro. Es que cuando se conoció el operativo, el dictador advirtió a sus camaradas que se juzgaría a quien se vinculara con el operativo.

Por una mediación del cura de la isla, el holandés Rodolfo Roel, los pasajeros fueron alojados en viviendas civiles mientras los militantes resistían bajo una fuerte lluvia. Unos 30 mercenarios belgas e ingleses, policías y civiles armados rodeaban la nave y exigían la rendición. No hubo ningún disparo y, 48 horas después, la resistencia terminó. “No nos entregamos ni nos rendimos, ‘depusimos’ la actitud –enfatiza Karasiewicz—-. El reclamo de soberanía se había hecho y no tuvimos el apoyo de las tropas argentinas. Entonces, ante el comandante (Fernández García), la única autoridad que reconocimos, depusimos las armas.”

El grupo firmó un acuerdo en el que también intervino el cura Roel, que antes había celebrado una misa en el avión para los miembros del comando. Después fueron hospedados en la iglesia del puerto durante una semana hasta que fueron trasladados al buque Bahía Buen Suceso, el ansiado buque, en una lancha carbonera.

Una vez resuelta la tensión, el gobierno de Onganía emitió un comunicado en el que expresó que “la recuperación de Malvinas debe ser resuelta por la vía diplomática y no por un acto de piratería”.

Los dieciocho jóvenes de entre 18 y 32 años, a quienes la CGT calificó de “héroes”, fueron llevados al penal de Ushuaia y luego juzgados en Tierra del Fuego. Como ése había sido el primer secuestro aéreo y en el país no había jurisprudencia al respecto, las figuras con que se los condenó fueron privación ilegítima de la libertad, portación de arma de guerra, asociación ilícita, piratería y robo en descampado. Tres años de prisión fue la condena para abo, Giovenco y Rodríguez; para el resto, nueve meses.

Lo último que supieron del Douglas DC4 es que fue llevado al Paraguay durante la última dictadura militar. De la isla no se trajeron nada, “no vaya a ser cosa que nos acusen de ladrones”, argumenta Pedro.

“En estos años de vida que nos quedan nuestra misión es rescatar la memoria”, de los que cayeron y los que siguen. “Muchos estamos desocupados, con hijos y nietos, y quedamos fuera del sistema –lamenta Pedro–. A veces nos llaman para condecorarnos y sacar réditos políticos. Lo único que pedimos es una reparación histórica.” Lo mismo pide el Flaco Karasiewicz, que además confiesa que a veces, en su modesta casa de Villa Martelli, se mira al espejo y se dice: “Pensar que soy un héroe, y soy de carne y hueso”.

El jefe del Operativo Cóndor fue Dardo Cabo, por entonces de 25 años, una de las figuras más renombradas de la resistencia peronista, fusilado el 6 de Enero de 1977 en la Unidad 9 de La Plata bajo los gritos de cientos de compañeros que compartiamos la pena que el Proceso militar nos habia impuesto. Al dia siguiente, los diarios dirian que Dardo Cabo murió en un enfrentamiento mientras un grupo de “subervsivos” lo habian querido liberar. Tambien fueron desaparecidos durante la última dictadura, igual que Pedro Cursi y Edgardo Jesús Salcedo. Juan Carlos Rodríguez fue asesinado por la Triple A. Aldo Omar Ramírez y Ramón Adolfo Sánchez fallecieron por causas naturales, una vez recuperada la democracia.

Once son los sobrevivientes: la compañera de Cabo, María Cristina Verrier, que hoy tiene 67 años; Fernando José Aguirre (60), Edelmiro Ramón Navarro (67), Andrés Ramón Castillo (63), Juan Carlos Bovo (61), Víctor Chazarreta (72), Luis Francisco Caprara (60), Ricardo Alfredo Ahe (60) años, Fernando Lizardo (60), Norberto Eduardo Karasiewicz (61) y Pedro Bernardini (69).

A ellos, y a los que ex-combatientes que pelearon en los tristes dias de 1982, contra un colonialismo británico decimonónico, vaya nuestro homenaje y respeto. Un respeto con el que se han llenado la boca todos los gobiernos democraticos, y todavía seguimos viendo que las leyes creadas para retribuirles de alguna manera su lucha, aún siguen sin cumplirse. Y todavía siguen cayendo. Dos generaciones que siguen el destino del olvido, no lo permitamos. Porque tambien son la memoria de nuestras luchas como movimiento popular.

* Dardo Cabo en otros blogs.

* Operativo Condor

Lucho Roa

Diputado Provincial MC

Peronismo para la Victoria

Luche y vuelve, historias de lealtades

Se acercaba el fin de otra dictadura, esta vez vencida por un Movimiento que se habia renovado en base a los jóvenes que alguna vez habian sido “los únicos privilegiados”. Una lucha de 18 años que habria de disputarse en las urnas, pero que habia sido conquistada por una resistencia popular que no habia olvidado a su lider.

Historias pequeñas, que la historia aún no ha recogido, o muchos han decidido olvidar. La lucha de miles de compañeros de esos dias en las calles pintando paredes, euforicos por la victoria esperable y esperada. Aun asi, la ultima semana en nuestra provincia no fue ajena a lo que sucedia en otros lugares del pais. La dictadura estaba siendo derrotada, y daba sus ultimos manotazos de ahogados. Es la historia de compañeros que eran atacados por sicarios de esa dictadura, de partidos provinciales que participaban por la continuidad de una politica de exclusion.

Asi fue esa ultima semana previa a la elección. Carteles en las calles con imagenes de represion que rezaban “Se acuerda Requeijo…el pueblo no olvida”. Es la historia de aprietes en las pintadas del 6 de Marzo, donde el partido de Requeijo, junto a la complicidad policial, impedia seguir pintando a aquellos que por entonces eramos jovenes. Era el liderazgo de muchos de ellos que soñaban con cambiar al mundo, como Fernando Jara. Fue tiempos de hacer guardias para que esos personeros armados no se robaran las boletas que el Domingo siguiente harian explotar las urnas. Fue la muerte y el horror por el asesinato el dia 7 de Juancito Bustos, otro compañero de luchas, que ese dia habia cometido el delito de salir por la puerta de una Unidad Basica, en Cipolletti, para ir a trabajar, dejando atras una familia y a sus compañeros destrozados. Fue la bronca de esos jovenes que no podia contenerse, fueron los dias de otros que trataron de tranquilizar a ese pueblo, pero la rabia era demasiada. Fueron dias de euforia, pero tambien de tristezas. Como siempre nuestro Movimiento seguia entregando mártires para ese regreso tan ansiado. Fue el preludio de otras noches negras que años despues sobrevendrian, y que seguramente ya se estaban preparando aún antes de la victoria.

Fue la lealtad de muchos, personificada en un hombre Hector Campora, cuyo objetivo era tomar el gobierno para devolver el poder a nuestro lider. Demasiada grandeza para tiempos como estos, donde las dirigencias toman el gobierno para ser leales a si mismo. Fue la victoria de un Frente que encabezo la victoria, y honró con fidelidad a los que se sumaron a este Movimiento, no la historia de un Frente, pródigo, que ni siquiera se atreve a cantar la marcha, y regala lugares no por voluntad movimientista, sino porque no saben a quien poner, ya que solo buscan titeres, o por oportunismo, ya que los votos son de otros. Peronistas que votan a otros, no porque hayan dejado de serlo, sino porque justamente reafirman que el “unico heredero es el pueblo”, y prefieren castigar a una dirigencia que no les habla. Quizas porque mas de uno, aún no pueda explicar donde estaba en esos dias de luchas, lealtades, derrotas y victorias.

Luche y vuelve fue aquella consigna, quizas sea tiempo de recuperarla para retomar el camino que nunca debio olvidarse: una patria Justa, Libre y Soberana. Se acuerda Picheto…el pueblo no olvida.

Lucho Roa

Peronismo para la Victoria